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Sábado 25 Mayo 2019

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Renuncia a comer tomates en invierno y salva el planeta

Esta campaña aplicaría la misma lógica de la ropa a lo que nos llevamos a la boca. Llegaríamos seguramente a la triste conclusión de que para elaborar nuestro plato a lo peor algunos y algunas han sido mal pagados, cuando no maltratados, y que el planeta se lleva la peor parte de esta historia. La conclusión sería parecida que para la ropa: nuestra voracidad alimentaria, ese querer consumir todo tipo de producto todo el año, incluso fuera de temporada, un fruto que esté recién cogidito y bien expuesto en el super de la esquina tiene un precio muy caro, precio que nosotros no pagamos. El coste real está también externalizado en este caso.

Cuatro jóvenes franceses, agrupados bajo el nombre colectivo Le Tatou se han formulado la pregunta y la respuesta es un mini documental de 8 minutos. Se han preguntado en concreto de dónde vienen los tomates que inundan el mercado europeo y en qué condiciones son producidos. Se han desplazado hasta Almería, la huerta de Europa, para comprobar in situ que la demanda siempre creciente del continente por consumir tomates todo el año y no sólo de junio a octubre, como tocaría, ha llevado a la provincia andaluza a extender la cultura intensiva bajo plástico (44.000 m2), una buena idea en principio para explotar al máximo los recursos. El problema es que el mar de plástico que recubre la huerta (una superficie de unos 200 km.) es renovado a menudo pero no reciclado. La mayor parte del plástico se quema y el resto puede acabar entre la arena de la playa vecina, o bien directamente en el mar o en el espacio ¿protegido? del Parque Natural de Cabo de Gata, que tampoco pilla tan lejos.

El documental de Le Tatou, que cuenta con más de 600.000 visionados, explica además que para producir tanto tomate los productores se han visto obligados a crear plantas de desalinización del agua de mar.

Accede a la noticia completa y al vídeo documental en la web de El País.